Happy sugar life es una serie de animación que ha salido recientemente, basada en un manga con el mismo nombre escrito e ilustrado por Tomiyaki Kagisora.
Hace poco he visto esta serie, atraída no solo por su novedad, su hermoso diseño y extraña premisa, sino también por la enorme valoración positiva que estaba recibiendo. Allá donde buscabas una opinión de happy sugar life hallabas a cientos de personas diciendo que es el mejor anime que han visto, su favorito o una de las más ingeniosas formas de seguir con el estereotipo de la Tsundere; ha sido, sobretodo, comparado a Mirai Nikki por ser ambos animes protagonizados por una chica joven tsundere de pelo rosa y gran obsesión con el amor, aunque para mí el único parecido entre estas dos me parece estético y considero que la comparación, dada la diferencia entre los animes, es injusta.
Pero hablemos más de Happy sugar life y si es tan bueno como dicen. Primeramente, sí, es bueno, un muy buen anime con una muy buena animación. Lo que este anime nos muestra es la forma en que una pequeña niña acaba siendo el eje central de un entramado de relaciones enfermizas entre distintos personajes que dicen amarla. Todos estos son personajes enfermizos y, todos ellos, tienen un concepto enfermizo del amor. Claro está que a nosotros el amor de Sato, la protagonita, se nos muestra como el verdadero, el más bonito, el más dulce y el que finalemente la niña, Shio, acaba aceptando por influencia de su captora. Muchos han malentendido este anime por culpa del punto de vista y por ello necesito hacer esta acalaración: ninguno de los personajes ama a Shio de forma sana y, de parecernos que Sato lo hace, es porque vemos a través de sus ojos y ella no cree que esté haciendo nada malo.
Este anime explora la temática de la locura, da un giro a la idea del amor como condena y salvación y no se decanta por ninguna de estas dos opciones, sino que las abarca ambas. Una de las cosas que más me gusta del anime es la varidedad de sus personajes, todos o casi todos están locos y lo atribuyen al amor, sin embargo, lo están de formas distintas y totalmente originales. La forma en la que se representa la psicología de los personajes me resulta realista y desgarradora en cuanto al proceso en que cada uno de ellos cae en la locura. Además, la representación visual de esto es perfecta: cuando creen estar amando a Shio todo se ve claro, hermoso, redondeado y blando, suave, lleno de brillitos, música angelical y símbolos nupciales, pero cuando la cámara se aleja un poco y nos muestra no lo que piensan los personajes, sino lo que hacen, el mundo luce asqueroso y oscuro.
Pongamos por ejemplo una escena con Taiyo, mi personaje favorito. Él ha sido abusado sexualmente por una mujer mayor y es por ello que desarrolla una fijación hacia Shio, creyendo que al ser una niña su inocencia puede salvarle, purificarle. Según su proceso mental si una adulta le ha manchado y ensuciado con el sexo, el sexo con una niña debe limpiarlo. En su cabeza esto no se presenta de forma criminal u obscena, sino que ve a Shio como un angel y a él como una criatura herida que es rescatada, pero la verdad es que además de ser una víctima de abuso, él es también un depredador sexual.


En una escena donde él se halla con Shio, Taiyo habla de lo mucho que la ama y vemos un goteo caer, pensando que son lágrimas, nos compadecemos de Taiyo, hasta que en el siguiente plano vemos que está babeando por tener a la niña cerca. Son esos cambios de plano, esos detalles, ese mostrar la locura en lo que esperamos que sea cotidiano, lo que hace de este anime uno aterrador. No necesitamos sangre y violencia (que también la tiene) para que Happy sugar life nos haga sentir enfermos, solo ver a una niña sintiéndose feliz al creer alfo tan enfermo como que amor es aceptar que alguien mate por ella o suicidarse junto a la mujer que la ha secuestrado.

Sin embargo, aunque este es un muy bien anime yo quiero hablar de lo malo. Las páginas están repletas de opiniones positivas sobre esta obra, pero yo quiero traer algo diferente y es que me da la sensación que por culpa de la gran oleada de emociones que este anime ha provocado, los espectadores no hemos tenido tiempo a sentarnos y analizarlo fríamente.
Happy sugar life es muy buen anime, tiene personajes de una complejidad y diversidad que pocas veces encontramos en esta clase de series, una escenografía hermosa y aterradora a la vez y no se sirve de recursos baratos para causar terror o mostrar la locura. No obstante, tiene errores y deben ser mencionados.
Uno de los errores más grandes que yo veo en este anime es que muchas de las cosas que pasan son demasiado »convenientes para la trama». Una casualidad o dos pueden suceder y pueden dar fruto a situaciones conflictivas muy interesantes, pero cuando el avance de la trama se sostiene, en gran medida, en casualidades que parecen suceder ya de forma causal, la serie pierde realismo y pierde, también, algo de emoción. Happy sugar life usa muy bien este recurso de las casualidades convenientes para la trama, pero peca de abusar de ello. Aquí pondrá un ejemplo:
Sato empieza a trabajar en un lugar donde rechaza a uno de sus compañeros, Taiyo, la jefa de ambos, celosa por no ser el centro de atención, abusa de él. Hasta aquí bien, pero después Taiyo no solo tiene fijación por las niñas, sino por una muy concreta, Shio, la misma que Sato mantiene cautiva porque está desaparecida. Esto podría tener sentido porque Taiyo ve a Shio constantemente en los carteles de »se busca» que su hermano, Asahi, pone, pero es demasiada coincidencia que después Taiyo empieze a trabajar en el mismo luhar de Sato cuando ambos abandonan este primer trabajo.
Es mucha coincidencia también que Sato y Shio sean pilladas por personajes principales en momentos cruciales. Shio debe permanecer oculta y es por ello que pocas veces sale de casa, una de ella lo hace sin que Sato lo sepa y recorre la ciudad sola durante lo que podrían ser horas. En ese rato su hermano, que recorre la ciudad para buscarla, no la encuentra incluso si pasan por el mismo sitio (casualmente, con minutos de diferencia), pero quien sí la encuentra es Taiyo. Más tarde unos maleantes que Taiyo había encontrado antes, casualmente lo hallan con Shio y le pegan, haciendo que pierda el conocimiento. Sato salva a Shio de los criminales y se la lleva, pero para ellos les saca los ojos a dichos chicos. Taiyo, que está ahí, resulta que no se despierta durante el asesinato, pero sí cuando Sato se lleva a Shio y le da tiempo a verla de perfil durante una fracción de segundo. Todo por coincidencia. Más tarde, Shio sale otra ver dándole un abrazo a Sato, sale únicamente dos pasos más allá de la puerta de casa, pero ¡Vaya! en ese justo instante Shoko, la mejor amiga de Sato, compañera de trabajo de Taiyo y, recientemente amiga (también por casualidad) de Asahi, está a dos metros de distancia y las pilla.
Otra de las grandes casualidad es que en un momento donde todos los que buscan a Shio están en el edificio donde había estado cautiva, Shio y Sato ya están lejos, dispuestas a marcharse a otro lado y tener una nueva, pero ¡Que casualidad! Sato olvida su anillo de compromiso y debe ir a buscarlo encontrándose justo en los momentos exactos y los lugares exactos con Taiyo y Asahi de forma que las dos quedan atrapadas en la azotea y solo les queda como opción saltar al vacío.
Estos son ejemplos de una escritura demasiado teleológica que hacen a veces demasiado evidente que eso es una serie y nos quitan la inmersión que esta había logrado con su gran ambientación.
Otra cosa que me desconecta de la serie y que considero que es un error es que todos los personajes están locos y todos lo muestra demasiado. Entiendo que para explorar la locura desde distintas posiciones se necesitan distintos personajes, pero parece que todos y cada uno de nuestros personajes están enfermos y eso le resta realismo. Cuando vemos en una serie un personaje demente que forma parte de la sociedad sin ser descubierto lo que dá más miedo es verlo fundirse en relaciones sociales normales sin que se le vea la tapadera, pero aquí, viendo que están locos no solo los padres o tutores legales de Sato y Shio (así como Sato misma y, al final, Shio), sino sus compañeros de trabajo (en los dos únicos trabajos que tiene durante la serie), una de sus compañeras de clase, el único profesor con el que se relaciona, etc. eso le resta realismo y profundidad, así como hace que dé menos miedo.
Además, como ya he dicho, hay una teatralización excesiva de los personajes. Cuando la jefa de Soto viola a Taiyo lo admite después delante de ella con ser presionada solo un poco y se jacta de ello. Grita, hace aspamientos, se ríe y habla como si no supiese que eso está mal, que debe ocultarlo. Sin embargo, si ha llegado donde está se intuye que debe haber ocultado esa faceta de ella mucho tiempo, como el resto de personajes. Sin embargo, la serie nos dice que son personajes astutos, que se ocultan, y luego salen por ahí mostrando su locura de formas poco realistas (¿Esperas que me crea que una estudiante le saca los ojos a dos hombres en un parque publico de noche y nadie la ve? ¿O qué los padres de un chico que tiene la habitación empapelada con carteles de una niña y se pasa el día babeando por ella no noten nada raro? ¿O que a la madre de Shio no se le ocurrió jamás llamar a los servicios sociales en vez de abandonar a su hija en la calle para »protegerla»?). Lo que da miedo es no saber nunca quien, en tu grupo de amigos, de profesores, compañeros de trabajo o vecinos, podría estar loco. Lo que da miedo es pensar que el mal acecha, pero se camufla. A la serie le falta sutileza para causar esto.
El último error remarcable que encuentro es que avanza como a trompicones. Para tener únicamente 12 capítulos suceden muchas cosas, pero a un ritmo extraño, a veces avanza muy deprisa y parece que todo »encaja demasiado bien» (de forma artficial) y otras las escenas son repetitivas y aunque es importante la repetición para mostrarnos la obsesión de la protagonista, se puede llegar a hacer aburrido en vez de ilustrativo.
¡Hasta aquí mi opinión!